RENAULT Renault Sandero Dynamique El nuevo Sandero es un auto de líneas simples para tener bajos costos de producción.
El manejo no es la carta fuerte del Sandero si lo comparamos con el Clío al que sustituye (Foto: Especial)
Erick Haw Mayer
El Universal Lunes 08 de marzo de 2010
Prueba de manejo
El Sandero es un poco más espacioso que el Clío, de silueta moderna y buen equipamiento por precio, pero la verdad se queda corto en manejo y calidad de acabados. Pensamos que a Renault le faltó hacer una puesta a punto del producto para las condiciones de México, aunque entendemos que eso les aumentaría el costo. En resumen, buen valor por precio pero no esperen mucho en manejo.
El nuevo Sandero es un auto de líneas simples para tener
bajos costos de producción. Sin embargo, su aspecto se muestra como un genuino
Renault, ya que el diseño general así como las formas de la parrilla y los
grupos ópticos, son similares en estilo a otros modelos de la marca. Sus
dimensiones son compactas pero no es el más pequeño del segmento, mide 4.02 metros de largo lo
que favorece también al espacio interior.
Por dentro cuenta con un diseño simple, un amplio espacio
para piernas y para cabeza ya que el techo es alto. Las carátulas de los
instrumentos en blanco le dan un toque deportivo. La versión que probamos es la
más equipada denominada Dynamique, que incluye equipo eléctrico, aire
acondicionado manual, computadora de viaje, asiento del conductor con ajuste de
altura, tercera luz de freno, bolsas de aire frontales y rines de aluminio de 15”.
Como sucede con la mayoría de los productos que nos llegan
de Brasil, la calidad de acabados no se siente de primer nivel, tanto algunos
de los plásticos, vestiduras y sobre todo la cubierta interior del techo. Ya el
tiempo dirá cómo es en durabilidad.
En el apartado técnico, el motor es el 4 cilindros 1.6 litros que conocemos
bien del Clío, en este caso con cabeza de 16 válvuas (el básico trae sólo 2
válvulas por cilindro) que desarrolla 110 hp, acoplado a una transmisión manual
de 5 velocidades. No es la misma utilizada en el Clío, hay diferencias en las
relaciones y eso se nota en el manejo.
La suspensión es independiente adelante con sistema
MacPherson y atrás utiliza un eje torsional en “H”, con barras estabilizadoras
delantera y trasera. Los frenos son de disco adelante y de tambor atrás, el ABS
es de serie únicamente para esta versión y no se ofrece ni como opción para las
demás, cosa que no aplaudimos pues varios competidores lo ofrecen como opción.
Una vez instalados al volante de inmediato nos damos cuenta
de que el manejo no es la carta fuerte del Sandero si lo comparamos con el Clío
al que sustituye. A pesar de contar con el motor de 16 válvulas no se siente un
buen empuje, no es el motor sino una mala elección de relaciones de la
transmisión, el empuje es muy pobre a cualquier rango de rpm y se siente como
si fuera la versión de 8 válvulas.
La transmisión es suave aunque los tiros no son cortos y no
muy precisos, pero no cansa aún en tránsito pesado. Pero las relaciones
inadecuadas no permiten ayudarle mucho al motor ni haciendo cambios descendentes
constantemente. Lo curioso es que las relaciones son más altas y sin embargo
tiene un desempeño notoriamente menor.
Otro punto a destacar es que la suspensión es alta, el auto
no golpea en topes, pero la calibración es suave y provoca demasiado lancheo
del vehículo, es una sensación similar a la que hemos encontrado en productos
brasileños de VW y Fiat, por lo que tal vez así les agrada en el cono sur, pero
en carreteras curveadas presenta demasiado ladeo y sensación de poco agarre.
Para México se necesita una puesta a punto distinta. Y mucho cuidado al frenar
en curva porque la cola inmediatamente se quiere salir de trayectoria y hay que
corregirla con contravolante, si la frenada es brusca puede entrar en “trompo”
con facilidad.