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Carlos Arias
El Universal Viernes 21 de septiembre de 2012
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¿Se maneja como cualquier otro auto? ¿Se lo puede comparar con un MINI normal? La respuesta es sí. MINI E, el prototipo eléctrico desarrollado por la marca como modelo experimental, se pone con autoridad en cualquier camino.
Tras el volante, este coche rompe con todos los preconceptos sobre los autos eléctricos. No es un carrito chocón de Chapultepec, no es un cochecito de golf ni es un trolebús. Es totalmente un señor automóvil, con los atributos que se le piden a un premium. Dotado de un torque impresionante, despega desde el primer momento y es capaz de dejar atrás a los deportivos que requieren de revolucionarse para dar un arrancón.
Sigue siendo un MINI, con sus cualidades multiplicadas. De hecho, puede meterse con rapidez y agilidad instantáneas en cualquier ruta urbana, e incluso nos permitió huir con éxito de una patrulla, cuando nos metimos de manera indebida por la senda peatonal de un parque de la ciudad, a oscuras y en busca del lugar propicio para fotografiarlo.
Es absolutamente silencioso, ágil y furtivo, tan divertido de manejar como debe ser un miembro de su familia.
Una desventaja es el excesivo volumen de sus baterías, que ocupan gran parte del habitáculo y sólo permiten dos plazas.
Además, su peso se hace sentir a la hora de bajar la velocidad o de tomar una curva cerrada, por debajo de la respuesta precisa de un MINI convencional.
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